Un alumno con TDAH puede ser brillante en la conversación de la comida y hundirse ante un texto de dos páginas. No es falta de ganas. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad —con o sin hiperactividad visible— afecta a la atención sostenida, a la inhibición, a la memoria de trabajo y a las funciones ejecutivas. Traducido al estudio: cuesta empezar, cuesta no irse por las ramas, cuesta recordar el enunciado mientras se responde, cuesta entregar a tiempo.
En consulta no medicamos. Eso es pediatría o psiquiatría. Lo que sí hago es mirar cómo el TDAH se come el lenguaje, la lectura y la organización, y diseñar un plan que se pueda vivir. El servicio de técnicas de estudio entra cuando hace falta, como apoyo, no como centro de toda la logopedia.
Qué es el TDAH en el estudio
Hay quien se mueve todo el rato y hay quien se queda quieto y “está en la luna”. Los dos pueden tener un TDAH. En el cuaderno se ve: deberes a medias, tachones, olvidos, un examen en blanco a partir de la pregunta tres, un trabajo brillante empezado la noche de antes. El entorno suele leerlo como holgazanería. La persona, como un fallo moral. Esa lectura hace más daño que el propio déficit atencional.
La memoria de trabajo es estrecha: si el enunciado es largo, se evapora. Si hay ruido, se evapora. Si hay que planificar un trabajo de tres semanas, el futuro no pesa. Nada de eso se arregla con “esfuérzate más”. El esfuerzo ya está, mal aplicado y mal visto.
Lectura y comprensión
Leer exige mantener el hilo. Con TDAH, los ojos avanzan y la cabeza se ha ido a otra cosa. Luego parece que “no comprende”, cuando lo que ha fallado es la sostenida. A veces sí hay una dislexia debajo: entonces decodificar ya consume la batería y no queda nada para entender. Hay que separar. Un TDAH no es una dislexia, y al revés también.
Trabajo estrategias: para qué se lee, qué se busca, cómo marcar, cómo volver atrás sin vergüenza. Menos páginas, mejor leídas, suelen enseñar más que un libro entero en diagonal. En signos de dislexia cuento cómo se distingue el otro cuadro.

Escritura y exámenes
Escribir pide plan, frase, ortografía, tiempo. Un examen es un festival de funciones ejecutivas. Sale un texto corto, desordenado, con una idea buena enterrada. O no sale nada porque el primer párrafo se llevó quince minutos de tachar.
- Empezar por un esquema sucio, no por la redacción bonita.
- Enunciados subrayaos: qué pide de verdad la pregunta.
- Tiempo visible. El reloj abstracto no existe para mucha gente con TDAH.
- Permitir un borrador. La pulcritud inicial es enemiga.
Organizar, empezar, terminar
El punto más duro suele ser el inicio. La tarea se hincha en la cabeza hasta ser inabordable. En adolescentes uso, cuando hay madurez, el marco P.O.D.E.R.: planificar, organizar, decidir, ejecutar, revisar. No es magia. Es un andamio. En apoyo escolar lo explico con más detalle.
Terminar también se entrena: un criterio de “ya está” que no sea la perfección. El TDAH convive a menudo con la procrastinación por ansiedad. Si todo tiene que estar impecable, no se entrega. Preferimos entregado y mejorable.
Pantallas y deberes
No hago cruzadas morales contra el móvil. Sí miro si el estudio ocurre en un campo de notificaciones. Un entorno más soso, un tiempo corto, un descanso pactado, suelen ganar a la prohibición absoluta que luego se rompe a escondidas.
Cuando también hay dislexia o TEA
TDAH y dislexia juntos son habituales. El niño decodifica mal y además no sostiene. Hay que trabajar las dos cosas, no elegir la etiqueta más cómoda. TDAH y TEA también se cruzan: entonces la organización se mezcla con la saturación social y sensorial. El patio y el examen no se arreglan con el mismo truco.
Si solo se trata la atención y el niño sigue sin leer, no es que “no quiera”. Puede faltar el trabajo de lectoescritura.
Qué hace la logopedia
Evalúo lenguaje, lectura, escritura y cómo se organiza el estudio. Coordino con orientadores y, si hay medicación, no la juzgo ni la receto: trabajo con lo que hay. El plan es concreto: qué se hace en sesión, qué en casa, qué se le pide al colegio. Sin duplicar deberes. Sin convertir a los padres en policías de la agenda.
Con niños pequeños, el TDAH se ve más en el juego, en las instrucciones, en la espera. Con universitarios, en los trabajos eternos y en la sensación de fraude. El tono se adapta. No infantilizo a un adulto que se ha pasado la vida oyendo que es vago.
Casa y colegio, sin guerra
Las peleas de deberes destrozan más que un suspenso. Acotar tiempo, acotar materia, acotar batalla. Un adulto cerca, no encima. El colegio necesita instrucciones explícitas, no “que se esfuerce”. Tiempo extra, enunciados claros, un sitio más quieto para el examen: no son regalos, son accesibilidad.
Madrid y online
Este trabajo se sostiene muy bien online, también desde Galicia. En Madrid puede ser presencial. La primera toma de contacto es una orientación: edad, curso, si hay informe, qué se desmorona (lectura, entrega, exámenes, casa). Con eso vemos si la logopedia es el sitio o si hay que empujar antes hacia otros especialistas.
El TDAH no desaparece con un temporizador. Se puede, eso sí, estudiar con menos vergüenza y más método. Eso ya cambia un curso.